jueves, 30 de abril de 2015

Sergio Massa, el derrumbe de la nada

Sergio Massa, la nada como bandera
Asistimos en las últimas semanas al derrumbe inexorable de las efímeras esperanzas que albergó Sergio Massa de llegar a ser presidente de la Nación.
Su campaña de giras mediáticas y bombardeo publicitario en donde hacía de la falta de contenido su bandera y su orgullo, llegaron a su límite y sus publicistas, amos y señores del diagrama de campaña, parecen no tener más tinta en el tintero.
Se vuelve a hacer patente aquella frase de Abraham Lincoln: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.
Es decir, aunque a veces propios y extraños tengan una concepción en la cual el votante es una especie de genio cuando nos vota y un idiota útil cuando vota el enemigo, nuevamente queda demostrado que la gente no es idiota. Que cuando vota al PRO tiene sus motivos, pero que no va a votar masivamente a un tipo como Massa cuyo eje discursivo es “si te gusta que te traten de imbécil votame”. La batería de spots dedicados a las diferentes provincias en los que de una manera profundamente irrespetuosa impostaba una tonada (¿de dónde?), fue el summum de esta idea. Lo que no se dijo mucho en ese momento, entre todos los chistes, es que en el spot para Buenos Aires Massa no decía "tajaí", sino que hablaba "bien".

Tremendo.

El “océano de un centímetro de profundidad”, como bautizó Anibal a Sergio, se seca rápido y lo que parecía gigante demuestra ser chiquito.
Se nutrió en un principio con esos traidores oportunistas que pululan por el Gran Buenos Aires, a veces en cargos importantes y a veces desde los concejos deliberantes. Los tigresa Acuña, los cacho álvarez, los sandro guzmán, los cariglino, los giustozzi.
Después, obnubilados por el éxito pasajero, se subieron al tren en todas las provincias y distritos dirigentes desplazados o ofendidos del FPV, en general con origen en el viejo PJ, con una cosmovisión de derecha y de la política como aparato, en la que creen que se le puede tomar el pelo a la gente, y estar hoy adentro, mañana afuera, pasado adentro de nuevo, y que no pasa nada.
El Frente Renovador no se sostiene en nada real, no hay una ideología unificadora, no hay un relato fundacional, una gesta, un recuerdo o historia en común. No hay tampoco un liderazgo sólido que se erija en tal por sus propios medios. Sino un relativamente eficiente intendente que fue tomado por cierto establishment económico y periodístico para un momento, para un fin, les fue bastante útil y luego lo desecharon y lo abandonaron a su suerte.
Por todos lados la huida del Frente Renovador es masiva. En el conurbano, en las provincias, el híper frágil esquema de lealtades que se había conformado a las apuradas a partir de la campaña electoral de 2013, se esfuma con la misma velocidad con la que creyeron construirlo.
Obviamente, como no podía ser de otra manera, cuando el agua empezó a hundir el barco, nadie escuchó al pequeño capitán y casi todos se empezaron a agolpar para escapar por los tirantes. Mis respetos a aquellos que acompañen a Massa hasta el final de su caída. Sin dudas serán los menos.
No es el caso del PRO, que acaba de obtener un sólido triunfo electoral en el distrito que lo vio nacer. Leo casi todo el tiempo amigos y compañeros que no comprenden cómo son votados masivamente aquellos que endeudaron a la ciudad en dólares, los que aumentaron más de 500% el ABL, y al mismo tiempo no construyeron más de 500 metros de subte cuando habían prometido 10 kilómetros por año, desinvirtieron sistemáticamente en salud y educación, etc.
Ojo, nos puede llevar a un error tratar de medir con nuestra vara “progresista y bien pensante” los motivos por los que cada persona analiza y decide su voto.
Una cosa es que nos sintamos asqueados por la conducta de los ricos de Recoleta, Puerto Madero, de los clase media alta gorila de Palermo, Nuñez o Belgrano (estos son no casualmente los barrios en donde la performance del FPV fue más baja en toda la capital). En eso estamos todos de acuerdo, sin generalizar digamos que esos son los barrios del poder económico, del cacerolazo, del “voto lo que sea menos peronismo”, y supongo que seguirá siendo así por muchos años.

Ahora, no podemos dejar de ver que en todos los barrios habitados por sectores populares o de clase media baja, también el PRO ganó con claridad. Ante este dato tenemos dos opciones, o nos indignamos por cómo “el macrismo engaña y manipula a los pobres”, o tratamos de entender que la gente tiene evidentemente motivos genuinos, valiosos y respetables para tomar su decisión.
El PRO tiene un creciente despliegue territorial, una gestión que a muchos ojos puede resultar atractiva en ciertos aspectos, y diría yo que en muchos de sus cuadros políticos (sobre todo el que será el próximo Jefe de Gobierno), hay un contenido político. Un tipo formado en la derecha neoliberal, con un discurso de trabajo, de equipos, con una pisca de hacemos política pero no somos políticos, etc.
Creo que el PRO sube porque de algún modo interpela a la población. De una manera que a mi me gustaría que no tenga recepción, pero la tiene y no porque la gente sea idiota sino porque está sostenida en eficiencia y contenido (a su manera).
Nada que ver con Massa, que pudiendo mostrar gestión, conceptos e ideas, decidió conscientemente tratarnos a todos de boludos. Y, claro, le salió mal, porque ya se sabe, la mentira tiene patas cortas.


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